MI DEBUT EN MARATÓN, POR ÓSCAR MATELLANES


DEBUTANDO EN MARATÓN
Pamplona. Sábado 26 de Noviembre.
Me acuesto pronto. Pero no es fácil conciliar el sueño: al día siguiente corro mi primer maratón. Un momento preparado con ilusión y dedicación. Han sido 6 semanas de preparación general y 12 semanas de preparación específica en las que además de entrenar he aprendido mucho sobre mi mismo, me he fortalecido física y mentalmente, he profundizado en hábitos de alimentación sana y, sobre todo, he disfrutado como un niño.
Mirando sólo a las 12 semanas de preparación específica, un total de 807 kilómetros a razón de 67 Kilómetros por semana con 80 Kilómetros de volumen máximo. Las dos tiradas más largas de 30 y 32 Kilómetros. 57 días de entrenamiento; sólo 1 día “perdido”, a causa de una faringitis aguda.
Son muchas emociones acumuladas como para poder conciliar el sueño así como así.
Pese a ello me noto bastante tranquilo y relajado. He entrenado con seriedad, he disfrutado como hacía tiempo no lo hacía y he aprendido muchísimo en estas últimas 18 semanas. Estoy ilusionado con la carrera. Sólo sé que probablemente será muy distinta a como hoy la pueda imaginar y que, en cualquier caso, incluso en el escenario más difícil, me siento preparado para afrontarlo TODO.
Los párpados se me cierran y la vista se me nubla mientras veo la hora en el reloj de la mesilla: las 22:55...
San Sebastián. Domingo 27 de Noviembre.
Las 6:00. Suena el despertador. Creo que llevo dando vueltas desde poco después de las 5... Pero he descansado muy profundamente. Arriba. A desayunar. Nada ha quedado a la improvisación. El desayuno de siempre: 2 tostadas con miel, 1 galleta con mermelada, plátano, zumo de naranja y unos anacardos. 6:30 y rumbo a San Sebastián con Idoia y los niños. Vaya campeones. Me han ayudado mucho estas semanas.
Aprovecho el viaje a San Sebastián para relajarme lo que puedo. Tras llegar a destino, la siguiente hora y media se me pasa volando. Vestirme, calentar un poco, visita de rigor al aseo (por dos veces)... y antes de darme cuenta me encuentro en la línea de salida. Estoy alerta, pero no nervioso. Hay un gran ambiente.
Cuando se da inicio a la prueba no siento nervios. Sí una gran emoción. Cruzo la línea de salida con una gran sonrisa en la boca. Mientras pongo en marcha mi Garmin pienso: “Es tu primera maratón. Vívela a tope”. A por ello.
Salgo cómodo. Quiero centrarme en mantener un ritmo controlado en estos primeros kilómetros, empezar a respirar bien, relajarme y controlar mis pulsaciones. Me visualizo corriendo 1 ó 2 Kilómetros a 4:10 y luego 2 ó 3 a 4:05. A partir de ahí el cuerpo dirá, pero quiero controlarme para rodar constante sobre 4:00; en ningún caso más rápido que 3:55. A partir del Kilómetro 30 ya veremos.
Primer kilómetro en 4:06 y 159 pulsaciones. Segundo kilómetro en 4:07. El pulsómetro se vuelve un poco loco por momentos hasta que rompo a sudar y los electrodos encuentran la sensibilidad necesaria en la piel. Por sensaciones sé que sigo sobre las 159 pulsaciones. Tercer kilómetro en 4:04 y 159 pulsaciones. Bien. Primera misión cumplida. No me he acelerado en el arranque y las pulsaciones, aunque algo más altas de lo esperado, parece que van a quedar estabilizadas ahí. Me sorprendo corriendo junto a la liebre de 2:45. Sé que ha debido de salir a ritmo un poco relajado, y me juramento para no seguir su ritmo cuando acelere.
A partir del kilómetro 3 voy machacando los pasos en el ritmo previsto: 3:59, 3:59, 4:00, 3:58, 3:58, 3:55, 4:01 en los kilómetros 4 al 10. Las pulsaciones entre 159 y 160. Sensaciones plenamente aeróbicas y de carrera muy cómoda. Me centro en economizar y en abstraerme de los kilómetros que van pasando. Primer avituallamiento en el kilómetro 5... ¿Estará mi bidón y lo veré sin problemas? Siento un gran alivio al recogerlo. Avituallamiento de nuevo en el 10. Sé que beber regularmente, como he hecho en los entrenamientos, va a ser muy importante.
Kilómetro 11. ¡Eh! ¡Dónde vas! Este se me va a 3:51. Me recuerdo mentalmente que no debo salirme de mi ritmo marcado, por muy bien que me sienta.
Regreso a mi ritmo constante y los kilómetros 12 al 18 son casi perfectos: 4:02, 3:57, 4:00, 3:57, 4:01, 3:54, 3:59. Sigo entre 157 y 161 pulsaciones. En el kilómetro 15 he bebido y he tomado el primer gel. Me concentro en seguir economizando. No he conseguido encontrar un grupo de ritmo constante. “Mi grupo” va un poco a tirones. Tan pronto se me escapan como los alcanzo. Yo a mi ritmo. No obstante me preocupa que se levante viento y me encuentre solo. En este momento llevo el grupo unos 40 metros por delante. Decido tratar de irles alcanzando a ver si pasando el tunel de Ondarreta y La Concha, camino del segundo paso por Anoeta, puedo ir resguardado.
Quizás por ese motivo en el kilómetro 19 me acelero: 3:47. A resguardo del grupo, me pido de nuevo calma a mi mismo y vuelvo a mi ritmo de maratón. Veo caminando a un lado del recorrido a un amigo que corría su último maratón. “¡Pégate a ese grupo!” me grita. “¡No pares, ven conmigo!” le respondo. “No puedo: la rodilla... No puedo...” oigo mientras va quedando atrás. Siento una enorme rabia. Sé la ilusión y la dedicación que había puesto en este día. Supongo que eso, también, ES maratón.
Me concentro en mi ritmo y paso por la media maratón en 1:24:52. Hago calculos mentales rápidos: todo según lo previsto, orientado a un sub 2h50 raspado. Impecable. Ya hemos pasado Anoeta por última vez, empezamos la última vuelta, y todo ha pasado muy rápido. A nivel cardiorrespiratorio ni mi corazón ni mis pulmones se han enterado; tengo la sensación de poder seguir así hasta el infinito. Las piernas van bien; ni rastro de molestia alguna. Mentalmente me siento fuerte; estoy disfrutando de mi primer maratón y no pienso en lo que me queda, sólo en que va todo según lo previsto, en lo fácil que corro y en todo lo que ya he dejado atrás.
Bebida y gel en el kilómetro 25. Me vienen de maravilla. Hago los kms 25-28 en 4:04, 4:02, 4:00 y 3:59. Me encuentro bien, pero ya no tan suelto como en el inicio de carrera. De nuevo pienso en lo sorprendentemente rápido que ha pasado todo hasta ahora; he ido concentrado y estos primeros kilómetros se han ido en un abrir y cerrar de ojos.
Al abordar los siguientes kilómetros empiezo a notar algunos síntomas de cansancio. Km 29-30 en 4:09 y 4:08. No me noto tan suelto como en el inicio. El avituallamiento del 30 me viene muy bien, y siento algo de energía adicional. Recorro los Km 31-33 en 4:07, 4:04 y 4:10. Evalúo la situación y aunque se va un poco del ritmo de maratón deseado, no me siento con seguridad para forzar un incremento de ritmo a falta todavía de 9 Km. Decido intentar mantenerme por debajo de 4:10 el kilómetro y ver cómo evoluciono. ¡Ja! El maratón decide imponer su ley.
Llega lo peor. No siento un desfallecimiento repentino, pero sí que las piernas no van. Me siento lento, pero me concentro en llevar una zancada lo más ágil y constante posible. Kms 34-37 en 4:22, 4:21, 4:27 y 4:23. Tomo mi avituallamiento en el 35 y saco un gel “de emergencia” que llevaba en el pantalón. Tengo las manos agarrotadas, como frías, y no acierto a abrirlo con ellas; lo abro de una dentellada. Me sienta bien. A estas alturas noto que todo lo que meta en el cuerpo me viene bien.
Articularmente voy bien: sólo algunas molestias en la cadera y algo de dolor en el metatarso del pie izquierdo, en la parte exterior. Comienzan algunos calambres en la pierna izquierda. Me pasan corredores. Me abstraigo y me mantengo concentrado en MI carrera; sé que no es el ritmo deseado, sé que mi corazón puede más (mi pulso empieza a bajar y se sitúa en 157 pulsaciones), pero es mi primer maratón y no sé cómo puedo evolucionar en los 5 kilómetros que me faltan. Mientras mantengo mi ritmo veo también que a mi lado muchos corredores empiezan a parar. Algunos caminan, otros estiran, alguno vomita... NI POR UN INSTANTE se me pasa por la cabeza pararme, no digamos ya retirarme.
Paso los Kilómetros 37-40 en 4:36, 4:33 y 4:29. Cada vez cuesta más correr. Ahora los calambres en la pierna izquierda son muy agudos. Me empiezan en la parte izquierda de la cadera y me bajan lateralmente hasta la rodilla. Se extienden también a la parte trasera. En dos o tres ocasiones noto la pierna contrayéndose de forma no controlada y mi zancada que se acorta. Sufro, pero es un sufrimiento sin pensamientos negativos. No me queda nada.
Regulo hasta meta. Sufro pero ya estoy bordeando el estadio. Entro en Anoeta. No tengo ni el reflejo de acelerar hasta meta, dejo que las piernas sigan su renqueante ritmo. Enfilo la recta de meta, veo el crono por debajo de 2:56, abro los brazos, cierro los ojos, subo la cabeza, respiro hondo y sólo en ese momento me concedo mi título: SOY MARATONIANO.
2 horas 55 minutos 48 segundos.
Rompo a llorar como un niño. Salen todas las emociones. Parte por la ilusión de saberme maratoniano. Parte por el orgullo de haber sabido luchar. Parte también por el dolor que me ha acompañado en los últimos 8 kilómetros y por la impotencia de que las piernas no hayan acompañado el ritmo que estaba en el corazón y en la cabeza. Pero sobre todo siento una INMENSA FELICIDAD. Lo he logrado.
Tengo frío. Noto las manos bloqueadas y la cara rígida. Me pongo ropa seca y me abrigo bien. Empiezo a beber y a comer. Camino, no quiero parar así de golpe.
Ya está hecho. A disfrutar.










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