IRONMAN DE FRANCIA. NIZA.
Después de llevar varios años metido en el mundo del triatlón, sin mayor pretensión que disfrutar de las carreras locales, de la gente que rodea al mundo del triatlón y con unas pocas horas de entrenamiento y una bici de montaña (no hace falta ni ser un superhombre, ni entrenar muchas horas para hacer tus “pinitos” en el triatlón), me encontré por circunstancias que algunos sabéis y no voy a explicar aquí, con más tiempo libre de lo que había dispuesto hasta ahora.
Lo cierto es que una vez una persona me propuso preparar un Ironman pero, no por miedo, ni por verme incapaz, sino por que en ese momento creí que había cosas más importantes en las que pensar no dudé en decir que no. Pero la vida cambia, y a los pocos años de esa propuesta pensé que quizás era la hora de invertir un poco en una bici, y un mucho en entrenamientos. Y así fue como de repente me encontré sumergido en duros entrenamientos de bici (sobre todo en invierno por el frió) y sin parar de correr y de nadar, esto resulta más fácil por el buen grupo y ambiente que tenemos en Egües natación, y en Barañain korrika.
Creo que el secreto de preparar un Ironman no es otro que disponer de bastante tiempo libre para poder entrenar, y ser psicológicamente un poco fuerte para poder aguantar esas horas de entrenamientos.
Así pues me encuentro un 24 de junio a las 6 de la mañana en Niza, preparando las últimas cosas en los boxees y poniéndome el neopreno, hago un repaso y me dispongo a bajar a la playa, mi familia me sigue por la valla ¿quieres algo, necesitas algo? Me han tratado como un niño mimado todos estos días, creo que ellos están más nerviosos que yo. Paso entre un pasillo de gente y empiezo a darme cuenta de todo lo que me espera. Me vienen a la mente recuerdos y tengo que hacer un esfuerzo para no emocionarme, veo entre el público a Inés y me llama, está grabando con la cámara, tengo que disimular para que no se me caiga una lagrimilla y le digo que me quiero concentrar, cuantas emociones y sin empezar todavía.
Estoy ya en la playa entre más de 1500 “machacas” esperando la salida. Se me han pasado ya esos momentos débiles ¡menos mal! 6:30 dan la salida y empezamos todos a nadar, pegas un manotazo a uno, te pegan a ti, así continuamente, tengo buenas sensaciones nadando y voy disfrutando. Los días anteriores he estado nadando aquí para adaptarme un poco y creo que lo noto. Salgo del agua y miro el reloj, en algún manotazo me lo han parado, ya no tengo referencias de la natación, ¡que rabia! Subo a boxees, localizo entre el publico a mi familia, paro y le doy un beso a mi madre pues no hay especialmente prisa.
Empezamos a pedalear. Voy fácil en la bici, enseguida noto que la bici no me va bien, problemas con los cambios, toco el freno ruidos extraños, ¡no puede ser! nunca había tenido problemas con esta bici. Una curva, toco el freno y me derrapa, ¡no puede ser! si no he tocado tanto el freno. Me paro, bajo de la bici, le doy vueltas a la rueda, no veo cual es el problema, parece que todo está bien. No me importa, pienso que no hay mal que por bien no venga y así no me castigo en la bici. Subimos un puerto y me da la sensación de que la gente no sube bien, yo voy muy fácil y continuamente pasando a gente. Sigo con problemas en la bici, echo algún que otro juramento y me autoconvenzco de que no me importan los problemas ¡qué remedio! Me obligo a comer unos sándwiches que me ha preparado Javi con un pan de pasas, no hay quien tragué, pedalee y respire a la vez, consigo acabar los sándwiches. Sigo pasando gente y las sensaciones físicas son muy buenas. Bajada de un puerto… toco el freno y se me vuelve a bloquear la rueda trasera, me caigo a unos zarzales, me levanto, no me duele nada, ¡por favor que no tenga nada la bici! consigo poner la bici en funcionamiento ¡menos mal! pienso en que la llorera podría haber sido terrible, y no de emoción. Vuelvo a pasar a gente, pero esta vez me suenan los nombres (los nombres los llevamos puestos en el dorsal) Oliver, Nicolás, Philippe, etc.… claro es la segunda vez que les paso. Me vuelvo más precavido con la bici, mi carrera es llegar y hoy la bici no está para florituras. En una carretera de ida y vuelta me cruzo con Pablo, nos alegramos de vernos y nos saludamos. Me vale para tomar una ligera referencia con la carrera y me da la sensación de que no voy en mal puesto. Se van acabando los Kms. y nos vamos acercando a Niza, alcanzo a un tal Carles y le saludo. Hacemos los últimos Kms. a la par (no se puede coger rueda uno a otro) y comentamos algunas cosillas.
Por fin llegamos a Niza, ¡cómo no! mi familia esperando en la entrada a boxees.
- ¿Que tal vas?
- “jodido” (error, no se le puede decir eso a una madre)
Lo siento, la próxima vez tendré más cuidado en qué decir a mi madre, pero después de 180 Kms. de bici la mayoría acoplaos, dejas la bici y casi es un logro ponerte derecho.
Tranquilidad en boxes, esta es una carrera que no hay que tener prisas. Me siento, como un par de plátanos y bebo algo, mientras una chica me da protección solar (pues hace un “sol del carallo”) me pongo las zapatillas, mi gorra y a pelear con 42 kms.
Empiezo a correr y enseguida me encuentro con unos gritos de ánimo insuperables (Javi y Uxua). El circuito de carrera es el paseo marítimo, un largo paseo de más de 5 kms sin una sombra, más los 5 kms de vuelta, 4 vueltas a éste paseo.
No tardo mucho en coger a Pablo, me comenta que no va bien, que esta teniendo muchos problemas con el estómago y que el circuito de bici se le ha atragantado un poco, me da ánimos para que siga y haga mi carrera, le animo también y sigo. No tarda en darme un bajón después de la primera vuelta y pienso que quizás no tenía que haberme ido de la compañía de Pablo. No lo estoy pasando muy bien y se me hace una eternidad para cuando llego al avituallamiento. Paro, cojo algo de comer y de beber y voy andando, cuando pasa un tío con un gorro (gorro tipo sanferminero) me anima y me dice, tú conmigo. Empiezo a correr y no tardo en cogerlo:
-¿Quién eres?
-Soy Carles.
-No te había conocido con ese gorro.
Carles y yo nos ponemos a correr juntos, no para de hablarme, le digo que yo prefiero no hablar, me cuenta que lleva siete Ironman, ¡qué pasada!, estoy corriendo con la experiencia en persona. Se sorprende de los ánimos que recibo, primero están la familia de Pablo, que me animan como si fuese mi familia, un poco más adelante mis padres (¿no hay un premio para padres de atletas?) y en el otro lado como no (Javi y Uxua) “chapeau”.
El compañero de carrera que tengo me dice que le ha entrado un bajón, que siga yo solo que me ve muy bien, lo esta pasando ahora mal, no dejo de animarle, ¡no hay dolor Carles! ¡Venga que podemos! insiste en que me vaya.
-No Carles, yo ya no me separo de ti hasta la meta, aunque tengamos que llegar a rastras.
Parece que después de unos Kms. han pasado esos malos momentos y se encuentra algo mejor, cuando le digo que ahora soy yo el que me empiezan a pesar esos Kms. y él es ahora el que, ¡cómo no!, no para de animarme.
Por fin acabamos con la tercera vuelta, la más dura psicológicamente y empezamos con la última. La sensación que tengo es de que vamos muy lentos, pero creo que todos llevamos un ritmo muy lento, pues vamos adelantando algún puesto.
-¿Qué tal vas César?
-Tengo algún principio de calambre.
-¿Que estas cogiendo en los avituallamientos?
- Algún plátano y galletas.
-Coge un gel (concentrado de energía), que te va a venir muy bien para la última vuelta
Si Carles (siete Ironman) dice que me va a venir bien no dudo en el siguiente avituallamiento en coger un gel.
Van pasando los Kms. lentamente pero cada vez estamos más cerca de meta. La última vuelta se hace muy dura también, pero sabes que ya estas acercándote a la meta, Carles me comenta, con cierta envidia la suerte que tengo, pues va a ser mi primer Ironman.
Creo que ya nos vemos como ganadores, entramos en último Km. Y el desvío hacia meta, el público no para de animar. La emoción interna es impresionante. Una alfombra azul nos recibe, que fácil es ahora correr, parece que ya no nos duele nada, unos metros y meta, busco entre las gradas a mis padres, no les veo, ¿dónde estáis?, por fin les veo, levanto el brazo como si hubiera ganado la carrera, me siento ganador, paro poco antes de entrar en meta y me fundo en un abrazo con mis padres, Uxua y Javi están con ellos, me da la sensación de que están tan emocionados como yo. La satisfacción es impresionante, sigo corriendo hasta meta saludando al público que no para de aplaudir y sin parar de levantar el brazo, me siento ganador.
Me recibe en meta un señor, con una sonrisa sincera dándome la enhorabuena y la mano, ¿será el director?, una chica te pone una medalla y te da besos, fotos, yo intento localizar a Carles, lo localizo, nos damos la mano y nos fundimos en un abrazo, hemos ganado.
Un momento que me parece destacable es cuando, acuden media hora antes de cerrar meta (se cierra a las 22:30) el ganador masculino, la ganadora femenina y muchos de los triatletas que hemos acabado la prueba, a recibir a los últimos que consiguen llegar. Yo también estuve aplaudiendo y animando a estos triatletas y el esfuerzo que tenía que hacer para que no se me cayeran las lágrimas era importante, (el Ironman también llora)
Es una prueba llena de emociones, llena de sufrimiento y llena de esfuerzo y esto crea una complicidad muy fuerte entre voluntarios, público y atletas.
César Gil Txurio.
Clasificaciones
|
COLABORAN

|